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… el viaje de la luz.

Apareció en junio.

Hacía tiempo ya que la palabra de Ana no se vestía de papel en un solo libro con voz propia. Por fin, tras El Despertar de las Adelfas, Vuelos de Eternidad (ambos de 2000) y Petra la noche… tú (2001) llegó La Música de las Horas (Ed. Vitruvio). Durante todo este tiempo, Ana no ha parado de escribir, me consta que de trabajar su poesía, depurarla hasta el fondo como buscador de oro con el cedazo en el río, moviendo y removiendo, afanosa y exigente con ella misma y con sus versos, siempre se podía limpiarlo todo más hasta dejar solo la poesía, limpia, clara, directa…

La Música de las Horas no es sino un viaje de un protagonista que es la luz, unaluz interior, una luz mística por momentos, una luz de fondo y triste en la primera etapa, donde llega a  aparecer en 3ª persona, y que luego va despertando y tomando cuerpo y 1ª persona, hasta deslumbrar en el final del viaje. Se trata de un viaje en tres etapas: búsqueda, encuentro y fusión. Y cada parte encabezada por magnífico poema, la puerta que te invita a no regresar atrás en la lectura de este viaje.

*Primero lo humano:

“Nosotros,
que fuimos concebidos
en los bellos jardines del espacio,
como savia insegura
anegada en nostalgia
habitamos la Tierra”
 

               (Búsqueda, página 21)

*Después, el encuentro con lo mágico:

“El ángel descendió sobre sus senos
con la torpe inquietud
de la fragancia que desciende
por vez primera.
Fue hermoso contemplarlos:
humanos y divinos por igual.”

                (Encuentro, página 39)

*Y finalmente el hallazgo:

“Como una enorme serpiente
sobre sí misma enroscada,
la Tierra gira buscando el centro.
Así el hombre”

            (Fusión, página 57)

Son, sin duda, la columna vertebral del poemario, solo ellos ya formarían un corpus aparte. Se trata de entradas directas, limpias y sugerentes, una vez leídas ya no hay vuelta atrás.

Son las brújulas un viaje de la luz, que parte desde la sombra de la soledad, donde esa luz se pierde:

“Junto al camino,
un hombre solo.
Otoño. La luz se aleja
 
Inmóvil,
sobre la tierra fría,
un hombre aguarda”
 

             (Soledad, página 22)

Esa luz de abril que es luz, pero a veces una herida, como decía T.S. Eliot, “abril es el mes más cruel”. Por algo será por lo que abril pone al hombre un caramelo en la boca y a veces lo mata; la dicotomía de la esperanza reverdecida y de un tronco abandonado. Ana lo expresa mejor en versos como:

“[…]
 
Reverdece, en silencio, la esperanza:
aparición de pájaro o de cauce,
de canto solitario,
de mutilado tronco en la cuneta.
[…]”

                     (Abril es una luz, página 30)

La luz se aferra a esa esperanza que termina transformándose en asombro justo antes de producirse el encuentro, la magia que ha de cumplirse, pese a  las dudas:

“¡Ay! Se ha colado el amor
por los huecos, cual aroma,
y con las hebras del llanto
está entrelazando besos.
 
Déjalo hacer y no muestres
recelos a tanta entrega.
Deja que el culto prosiga
su oficio tras de ti.
Cuando la magia se cumpla
solo podrás ver el ángel”

               (El asombro, página 35)

Y comienza la segunda parte con el poema ya glosado, Encuentro, donde la ingenuidad del ángel viste de blanco los senos sobre los que desciende. Aquí la luz se torna clara… pero no siempre será así, un cielo con dudas aparece en el poema La misma senda, donde un bonito juego de contrarios y una adjetivación precisa justifica tales dudas:

“El agua moja mi capa blanca
Es la mañana. Está lloviendo.
Camino aprisa por las aceras
La lluvia empapa mi pelo negro,
mi blusa roja,
mis pies descalzos.
 
Y tú que cruzas
la misma acera en sentido inverso…
 
La lluvia empapa tu pelo rubio,
tu abrigo azul,
tus pies cubiertos.
 
Tal vez, mañana
será el encuentro.

                (La misma senda, página 42)

Dudas que se reiteran en el poema Pasillos apagados, título que ya sitúa al lector en el miedo y la vacilación, pero seguidos en la página siguiente por un poema titulado Pasos encendidos:

“Te busqué toda la  noche
con los pasos encendidos.
Tuve miedo al tropezar
con punzantes cicatrices
de mis piernas,,
pero yo no permití
que el dolor me detuviese:
necesitaba encontrarte
[…]
 

            (Pasos encendidos, página 45)

Y de nuevo aparece esa luz que no termina de brotar, pero que existe, en Al otro lado del vaho, poema con un comienzo y un final magistrales que solos ya hacen el poema:

“Anido en la sorpresa de esta niebla
que persiste en las calles hace días,
[…]
¿Por qué vislumbro una llama
al otro lado del vaho?

             (Al otro lado del vaho, página 47)

Los dos últimos poemas de esta segunda parte son para leerlos sin parar, una y otra vez e iluminar los ojos del lector. La sonrisa, el toque erótico, el juego de palabras, la expectación que crea, parecen hacer imposible dejar la tercera parte para leerla otro día, o bien, con mucha fuerza de voluntad, se puede quedar aquí para disfrutar el feliz momento de poesía. El primero, Lozanía, apoyado visualmente por versos que vienen y van unos largos y otros cortosuna hipnosis al lector. El segundo, Invisible, corto pero sugerente y exquisito, el gusto y la sonrisa que te deja es impagable.

“He cubierto con rímel mis pestañas.
Largas,
rizadas como un vuelo,
hacia ti van.
Alegres, chispeantes,
por la luz que prendiste,
se elevan y descienden,
descienden y se elevan
hermosas, juguetonas, atrevidas.
Y tú…
dejándote mecer por este juego.
 
¡Ay! Que no languidezca el rimel.
Que no muera
la lozana frescura de su danza.

                (Lozanía, página 53)

Penetro tus pupilas.
Soy un ángel
reflejado en los ojos
de otro ángel.
Después, al abrazarte,
abrazo al universo.
Es lento el goce.
No pesa.
 
Invisible el amor.

                   (Invisible, página 54)

La tercera parte fluye sola a partir de aquí y del poema Fusión, ya comentado que lo encabeza. “El diamante que busco /tiene un nombre”, dice en el  poema Certeza (página 58). Todo fluye en un tono aseverativo, Todo está cumplido, se titula el siguiente poema:

“[…]
Generosos efluvios
para ritmar
nuestra canción de vida”

               (Está cumplido, página 59)

El milagro (página 60) se convierte en el reverso del ya comentado La misma senda. Prueben a leerlo después de este y comparen. Ya no hay dudas:

“Junto al camino,
dos miradas se encuentran.
Nada más puro que un poniente de otoño
ya incapaz
de acallar la certeza del milagro.
Llegas. A mi lado caminas.
El espacio se expande
cual inmenso paraguas.
La tersura del frío
vierte una paz distinta.”
 

La certeza es evidente:

“Si te toco, toco el día
[…]
La certeza de tu piel
no deja lugar a dudas.”

             (Toco el día, página 61)

Plenitud (página 64) es un poema de culminación de la luz y de paz. En El mismo compás (página 67) luce la luz plena, pero recuerdan el momento en el que se apagó.

“Se ha tornado en sol la niebla
y nos inunda.
Caminamos hacia el frente.
Estás aquí. Eres yo.
[…]
Solo por un instante 
descuidamos la luz.
Pero ahora de nuevo
nuestros nombres se mueven
en un mismo compás.” 

Y finalmente El círculo(página 68), la culminación, el final del viaje, la cima mística. Aquí ha de acabar el viaje y volver sabiendo que todo círculo se cierra.

“Amar de sol a sol,
esa es la cima.
Desde el punto de luz
donde adormece el pájaro
mecido por rosadas aureolas.
El pájaro que expande
un embeleso azul
alrededor del cuello.
Tú y yo,
dos astros singulares
fusionando sus auras en la suma.
Reconocernos completos.
Haber trazado el círculo es la cima.”

Poéticamente es un poemario cautivador como ya he puesto de manifiesto. Técnicamente es casi perfecto, pues, pese a que el ritmo y ciertas medidas, generalmente impares,(3, 5, 7, 11) aparecen continuamente, Ana no cercena sentidos en favor de la forma, no sacrifica SU palabra, SU voz propia.

Para acabar, solo un ruego, hazlo Ana, por favor, continúa haciéndolo:

“Escribir siempre.
No para esculpir grandes piedras
sino para invocar
a los ángeles”.

               (Escribir, página 69)

 

Ana Castillo presentará su libro La Música de las Horas, en Madrid en el Café Comercial (Rincón de don Antonio, Glorieta de Bilbao, 7), el próximo viernes 30 de septiembre, a las 20’00 horas. Además de la autora intervendrán Emilio Porta y Pablo Méndez.

 
 
 
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