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I remember myself in a queu, waiting for the entrance in the cinema. There…, we were about two hundred boys (I suppose there were also some girls, but with 7 years of age you still didn’t look at girls), all looking forward to having a seat in a small hall. The starting gun made all the pack of boys run like hell. The shiest had to stand up all the film. In fact, I remember having come in when the film had started and Oliver Twist and his mates were tossing for who was going to ask for more food. That was my first time with Dickens (even before Christmas Carol) and that was one of my first serious readings… almost, because I wasn’t able to swallow all the poor Oliver’s disgrace.

The rest belonged to my teens, when my mind had guts to overcome the reality of those years of the 19th century in England. From then on there came A Christmas Carol and The Cricket of the Hearth, David Copperfield, and Great Expectations. To the eyes of a teenager, Charles Dickens arises a great feeling of compassion, solidarity and empathy. Reading Dickens is a good way to wake up to a historical focus of reality.  

At University, there came Hard Times as a compulsory task and my reading turned into a deep insight in Dickens’ lines. I was growing up toghether with my readings of Dickens, I was getting older and my mind asked for A Tale of Two Cities:

“It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity, it was the season of Light, it was the season of Darkness, it was the spring of hope, it was the winter of despair, we had everything before us, we had nothing before us, we were all going direct to heaven, we were all going direct the other way – in short, the period was so far like the present period, that some of its noisiest authorities insisted on its being received, for good or for evil, in the superlative degree of comparison only […]”

Nothing better than this start to summarize Charles Dickens’ contribution to such a difficult epoch. That epoch and that place when a person wasn’t worth a machine. Charles Dickens, the writer of the English Industrial Revolution… the voice of the change in England.

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Me recuerdo haciendo cola a la entrada del cine. Allí…, unos doscientos chicos (quiero suponer que también habría chicas, pero con 7 años aún apenas las miras), todos deseando coger un sitio en la sala. Al pistoletazo de salida toda la jauría de chicos corrían como el demonio. Los más tímidos tuvimos que permanecer de pie toda la película. De hecho, recuerdo haber llegado empezada ya la película y Oliver Twist se echaba a suertes quién iba a pedir más comida. Esa fue mi primera vez con Dickens (incluso antes que con Cuento de Navidad) y esa fue una de mis primeras lecturas serias… o casi, pues fui incapaz de tragarme toda la desgracia del pobre Oliver.

El resto pertenece a mi adolescencia, cuando mi cabeza tuvo agallas de afrontar la realidad de aquellos años del siglo XIX en Inglaterra. Desde entonces vinieron El cuento de navidad con El grillo del hogar, David Copperfield y Grandes esperanzas. A los ojos de un adolescente, Charles Dickens despierta un buen sentimiento de compasión, solidaridad y empatía. Leer a Dickens es una buena manera de despertar a la óptica histórica de la realidad.

En la Universidad, llegó Tiempos difíciles como tarea obligatoria y mi lectura se volvió más introspectiva entre las líneas de Dickens. Iba creciendo junto a mis lecturas de Dickens, me hacía mahyor y mi mente me pidió Historia de dos ciudades:

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la idiotez, era la época de creer, era la época de la incredulidad, era la estación de la Luz, era la estación de la Oscuridad, era la primavera dela esperanza, era el invierno del desasosiego, lo tuviemos todo ante nosotros, no tuviemos nada ante nosotros, íbamos todos directamente al cielo, íbamos todos directamente al otro lado -en resumen, el periodo estaba tan lejos como el presente, que algunos de sus más sonoras autoridades insistían en ser recibidos, para bien o para mal, tan solo en el más alto grado de comparación […]

Nada mejor que este inicio para resumir la contribución de Charles Dickens a una época tan difícil. Esa época y en ese lugar en los que una persona no valía lo que una máquina. Charles Dickens, el escritor de la Revolución Industrial en Inglaterra… la voz del cambio en Inglaterra.

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