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Fue allá por 1990 cuando conocí a Teresa, en el Cáceres universitario de nuestra vida. Compartimos pensión, amistades y finalmente ilusiones de poeta. En aquellas tertulias de la Plaza de los Pereros y con Miguel Serrano como referencia a la que nuestros versos aspirasen, devanábamos el final de la tarde y las convertíamos en noches en algún café de la calle Pizarro. Luego, nuestros versos pasearon colegios, semanas culturales, incluso fiestas populares junto a Antonio, Marisa y Víctor.

Por aquel entonces Teresa ya escribía cosas como

 
“Soy ser desnudo de fuego,
tú el ocre pincel
que me dibuja
en mitad de las estelas.
Como si todo fuese a ser eterno,
como si nada tuviese sentido
mientras exista sol para encenderme,
mientras exista el color,
como una estrella encenderé tu vela,
como un testigo,
veneraré tu dios”

 (de su libro Poemas, I.C. El Brocense, 1993)

El tiempo ha ido vistiendo nuestros poemas y nuestras vidas de distintos colores, pero especialmente en el caso de Teresa, 23 años después, ella sigue siendo reconocible en el poema. Eso no quiere decir que se haya estancado en un estilo, en un mensaje o en un tema: desde su inicio su identidad poética era clara, sus versos libres que poseen la maldita habilidad de no carecer de ritmo. Su intimismo, en su mayoría fatalista, es parte de su identidad forjada desde la cuna poética, pero acaso, las arrugas de 23 años lo perfeccionan y abren las ventanas a otros temas, a otros vientos, a palabras nuevas. Recuerdo que comentábamos por aquel entonces: “si hay que meter un basurero en un poema, hay que meterlo”; sin embargo la elegancia de su expresión apenas permitía la entrada a expresiones que hoy sí que han llegado.

“Con la misma ceguera
con la que el pez del fondo 
busca su descanso,
con el mismo descalabro
y el mismo jodido equilibrio
y la misma fe en el amor […]

  (del poema Peces en el fondo, de Todas las razones para la huida, 2013)

Por tanto Teresa sigue siendo reconocible, una virtud no fácil de mantener si deseas estar al tanto y en primera fila de modas, premios literarios, ediciones y líneas editoriales.

Hace un par de meses apareció en la colección Luna de Poniente, de la editorial de la luna librosTodas las razones para la huida. Y, aunque he seguido su trayectoria a lo largo de estos años, sentía especial curiosidad por ver el retrato de la poeta en una colección cuyos nombres ya publicados quedan fuera de toda duda. Cierto que mi amistad con ella me predisponía a encontrar lo positivo, pero no fue necesario pues lo que encontré entre las páginas del libro no hacía necesaria dicha predisposición. La Teresa que me encontré en su nuevo poemario se trataba de una escritora sincera con el lector y sobre todo con ella misma, de clara expresión, sin corsetes en los que embutir el verso y con la clara actitud poética ante la vida a la que mi amiga Ana Castillo apela.

En este libro, como he dicho anteriormente, Teresa ha abierto las ventanas y, sin perder su intimismo, la tercera persona también es protagonista en sus poemas: una prostituta, unos jornaleros inmigrantes, un coleccionista de imágenes, un viajero que huye, entre otros… En El coleccionista escribe:

Atesora las imágenes, el tiempo,
los gestos cotidianos y la luz del sur
en las paredes encaladas de las casas.
 
Como un coleccionista minucioso
espera impaciente el instante,
sabe que no caben precipitaciones ni aspavientos.
 
Sobre el papel baritado, la vida
conjuga sus múltiples formas
para mostrarnos que estamos hechos de olvido,

de pretéritos que tardarán en ser pasados.

Quizá sean los poemas más cortos los que mejor sabor me han dejado en la boca. En ellos la metáfora se saborea mejor y queda su recuerdo frente al poema más largo donde se disuelve entre los versos.  En el poema Memorias escribe Teresa:

El dolor tiene memoria.
Acaso también la tenga la alegría 
y ambos se disputen un lugar en el rostro
de quienes los poseen.
Se diría que se acumulan en las arrugas,
en el rictus delos labios que tímidos
pronuncian un nombre
del que regresar del olvido.
Se diría que ninguno delos dos,
en igual medida, logran nunca un equilibrio.
Taxidermistas del alma, tatuadores de sueños.

Sin embargo, en los poemas más largos se pueden encontrar tesoros como:

“Sucede que el hombre que tanto se te parece / ha sentido la rozadura de la vida en los zapatos” (de Secuencia, página 18).

“Tampoco aquí los pájaros / lloran a sus muertos; / por eso emprenden viaje” (de Desengaño, pág. 120).

“La muerte es como la noche, / una forma de no ser” (de Insuficiencia, pág. 21).

“Ahora que me nombras / con las manos manchadas de olvido” (de Lo perdido, pág 24).

“los semáforos guardan cola hasta la salida” (de Pretéritos, pág 28).

“La estación es el tránsito / a la tierra prometida, / en un limbo en el que solo las maletas, / desvencijadas y solas, / se permiten el lujo / de permanecer para siempre. (de Estaciones, pág. 30).

“Me detengo para sentir que también / mi piel es ya áspera como la de esta ciudad, […] / Y entonces soy consciente de que el destino / es solo una furcia caprichosa / que juega con nosotros a pares y nones, / una furcia mutilada que se dejó cortar los dedos / para que no supiéramos sus intenciones. (de Juegos de azar, págs. 32-33).

“Las suyas son a veces lágrimas de cerezas, / rojas como la sangre de sus manos” (de Jornaleros, pág. 34).

 “La belleza se duerme bajo telarañas / que perfilan los rincones arañando / un silencio piadoso y clemente / escrito de puertas hacia adentro. (de Tus manos, pág. 37)

“No volverá la luz que seducía / como un amante antiguo / la carne joven de las tardes.” (de La casa desnuda, págs. 39-40)

“El tranvía atraviesa de nuevo / lo que antes fue una arteria / y ahora es apenas una sombra / por la que solo transitan huidas y naufragios” (de Extrañamiento, págs. 58-59).

Su lenguaje íntimo traspasa las fronteras de la cercanía y en este libro el escenario es la calle y la ciudad: la estación, los neones, las esquinas, el semáforo, las maletas, el viaje, el hotel, las ventanas, la farola, la acera, el tranvía, la un paseo bajo la lluvia …un escenario urbano en el que ubica la realidad poética, yendo mucho más allá de los tópicos del poema amoroso

“Con esa seducción tan tuya de las manos
la noche me devuelve antiguas deudas
tesoros enterrados en el fondo del cristal
de los vasos de whisky con sabor a derrota,
de los paseos amargos donde solo la lluvia
supo darnos un nombre […]”

(del poema Tus manos, página 37)

 o del clásico poema social

“Me detengo ante la sombra invisible de un mendigo,
me detengo para mirar hacia otra parte,
como todos los demás,
dejando que el aire me acaricie
en la esquina del semáforo
que cada mañana da luz verde
a todas las promesas de un nuevo día,
todas las que después no habrán de cumplirse […]” 

(del poema Juegos de azar, página 32)

Pero también está la cercanía, el escenario íntimo de la infancia, como describe con minuciosidad de quien bien la conoce, en el entrañable poema Casa de infancia en la página 52:

“La casa que cruzaba cuando era niña
tenía rollos de piedra en el suelo,
pintados de azul si la memoria no me falla,
y tres cuerpos coronados por bóvedas blancas
que más tarde me aficionaron a mirar los techos de los templos.

y el recuerdo de uno de esos detalles le sirve para plantear posteriormente su reflexión personal

La casa que cruzaba cuando niña
tenía un único retrato de mi abuelo colgado en la pared.
Mi abuela había decidido algunos años antes
destruir sus retratos, su débil corazón así lo requería.

Los dos siguientes versos sirven para plantear una idea universal que más adelante pone en duda.

A veces nos sobran razones para pervivir
en la memoria caduca de los hijos.

La casa y sus recuerdos le sirve de pie para reflexionar sobre la soledad del futuro.

Miro la calle y esa casa aún existe.
Han cambiado muchas cosas desde entonces,
y mis hijos no nacidos
no estarán para guardar mis retratos.

Pero, pese a todo lo descrito anteriormente, no deja de ser el poema amoroso de piel adentro -en primera persona- el protagonista del libro. El poema Cuando nada basta en la página 56 termina con un maravilloso “Para amar basta con haberse quemado entre la nieve” Generalmente poemas tan cortos como intensos, como en Donde habita la ceniza en la página 16:

“[…] Donde habita la ceniza,
en las uñas cortadas al revés un sábado de lluvia,
en el portal que ha quedado huérfano de besos.
 
Donde habita la ceniza,
donde el amor se quema y se consume
en medio de toda esta nada”.

o en Tus manos en la página 37:

“[…] Con esa seducción tan tuya de las manos,
comulgo de tu boca el único pan que conozco,
los labios donde aún late
un corazón al desnudo”

y especialmente en el poema Como si nos hubiésemos besado en la página 43 que reproduzco en su totalidad:

Dentro de nada
mis palabras no serán solventes.
Quien escribe ha de conocer de antemano
lo efímero del oficio.
Estas mismas de ahora,
atrapadas momentáneamente en tu retina 
son ya también pasto del olvido.
Procura, por tanto,
saborearlas al menos una vez en tu boca.
 
Como si nos hubiésemos besado.

Incluso si se trata de un amor a ciegas con máscara como en Los que han amado mucho en la página 57:

“Como dicen que aman
los que han amado mucho
respondo a tu abrazo cerrando los ojos,
celebrando una ceremonia de máscaras […]

La libertad creativa de Teresa Guzmán no entra en conflicto con el abecé lírico de la poesía. Frente al ritmo embutido del verso medido o de la rima obligada, la autora utiliza la reiteración al comienzo de las estrofas para crear ese ritmo en poemas como Donde habite la cenizaSecuenciaLo perdido, Credo, Juicio, Juegos de azar, Tus manos, Ceremonia de la prisa y A contracorazón. Cierto que utilizar muchas veces este recurso puede que haga al poema menos previsible, pero en la mayoría de estos casos el poema lo pide por sí mismo como en su personalísimo Credo de la página 25:

“Creo en las maletas precintadas
porque albergan una esperanza.
[…]
Creo en los postigos que se cierran
como una forma de asedio
porque el silencio es el único bien
que no podrán arrebatarnos.
[…]
Creo en las habitaciones de hotel
en las que estuve a solas,
porque allí conocí a alguien 
que nunca creí haber sido. 
[…]

Se trata, en fin, de una obra madura, con las arrugas de quien ha escrito y vivido con una actitud poética ante la vida. Una poesía que ya no está cerrada y pegada piel de la autora, sino que fácilmente impregna al lector y puede hacer suya. Una poesía que facilita ser recordada cuando el lector se encuentra, incluso en plena calle, con situaciones que pueden ser recordadas en el poema.

Pero lo mejor de todo es que sigue siendo una poesía que no precisa de nombre en la portada para quienes la conocemos desde hace tiempo. Una poesía reconocible, sin poses ni pretensiones, aferrada a la verdad. Poesía de verdad.

TODAS LAS RAZONES PARA LA HUIDA
Teresa Guzmán Carmona
Colección Luna de Poniente
de la luna libros, Mérida 2013.
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Comentarios en: "TERESA GUZMÁN: todas las razones para la huida." (1)

  1. Hola, Javier…no sé si me gustan más los versos de tu amiga o la reseña tuya que los acompaña…ese análisis tan estupendo que haces de su poesía, que por otra parte, considero justo y acertado. Me ha gustado muchísimo lo que acabo de leer, en conjunto. Nuestro cordial saludo, compañero de “Gallos quiebran albores”.

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