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noticia_15628Faustino Lobato es grande, fuerte. Abrazarlo o estrechar su generosa mano resulta un verdadero placer al sentirse uno protegido por una coraza de fortaleza, almohadillada de cariño. Esa sólida extensión física de bonhomía y amistad que ofrece Faustino es, sin embargo plenamente consciente de la fragilidad que rodea al hombre, de la que él está hecho desde dentro y hacia fuera. Ser consciente de ello es, sin duda, lo que nos hace humanos, fieramente humanos, como diría Blas de Otero. Acaso en lo que fracasa el poderoso es no querer saber de su fragilidad.

            El nombre secreto del agua (Ed. Vitrubio, Colección Baños del Carmen, 2016) no es sino una historia de la fragilidad humana, una mirada atrás hacia la melancolía pero también hacia lo que nos ha hecho presente y un recorrido hacia adelante acompañando al agua del río. Es cierto que la imagen del río como tránsito vital fue establecido como tema poético hace ya siglos por Manrique y de manera categórica e inconfundible (“Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar”). Faustino establece el río como vehículo para su poesía, pero en los 41 poemas que conforman el poemario sólo aparece la palabra “río” cinco veces. El resto, como Guadiana, se oculta o se camufla en una continua metonimia de elementos ribereños y metáforas.

            “En este fluir del agua que lava y destruye […]” (pág 20)

            […] en ese punto donde, en mí, la tierra / es beso de agua […]” (pág 22)

           Inmenso este cauce de soledades [… ]” (pág 25)

            A solas en este ronronear del agua” […]” (pág 58)

            Faustino concibe su libro como un río, con sus cambios de ritmo, sus remansos, sus rápidos,… Le preocupa la navegación, va por la orilla siguiendo su curso, preocupado porque el lector no pierda ese curso y recurre para ello a tres estaciones siguiendo a Heráclito: “Todo fluye”, “Todo cambia”, “Nada permanece”.  Y en ellos, islas en las que reposar con poemas como él llama “en recto” sin división versal física (sí con una barra)

“Cambia la huella del misterio que sueña / con la misericordia de la piel del río, / y viste de agua las rocas” (pág 36)

 y algunas prosas (inevitables dada su condición de filósofo) donde reflexiona y reposa a modo de brújula para el recorrido poético. Lo cual hace más amena y variada la lectura.

            Como en sus anteriores libros, una preocupación constante en Faustino es la palabra, tanto desde el punto de vista humano:

“[…]Cómo poner nombre a los trozos de sol

Pegados a cada instante[..]” (pág 42)

 

“[…] Su sombra, confusión de viento y ramas,

Me devuelve este adjetivo de color[…]” (pág 37)

como desde el punto de vista del poeta

“En esta memoria de mi ser,

La brisa soporta la levedad del verso […]” (pág 34).

Llega a realizar a lo largo de todo el curso del poemario un juego de contrarios y paradojas, dicotomías que plantea al lector porque el poeta se las encuentra.

“[…] Todo se vuelve lucha de contrarios […]” (pág 21)

“Cómo llegar al otro lado, a esa cara oculta

Que media entre lo noctámbulo y el día […]” (pág 44)

Al final las palabras que busca no son sino preguntas que constantemente se hace el poeta, pues la duda crea fragilidad e inseguridad, aunque también la pregunta –como buen filósofo Faustino lo sabe- es la base de la filosofía y por extensión, del camino de la vida.

“[…] La incertidumbre del cambio

Deja atrás la sonrisa de las horas” (pág 45)

“[…]Fluye el agua en una constante pregunta /  hasta hacerse río”.  (pág 27)

Y esa preocupación constante por la palabra también la lleva Faustino a la imagen del poema. Le preocupa que el lector no reciba toda la información necesaria sin perder lo poético, quiere ser sincero, quiere separar el poema de la situación en que fue concebido y para ello no solo escribe el poema en sí, sino que lo diseña: estrofas en cursiva, primigeniamente ajenas al poema, sirven de acotaciones para situar al lector. De igual modo que los paralelismos, como en el que abre el poemario en la página 18 repitiendo la palabra “nunca”(“Nunca como ahora sentí este dulce trueque del agua […]”) retumbándonos en nuestros oídos, o en el uso de la palabra “inmenso” en el poema de la página 25 para dilatar aún más la distancia de lo que el poeta no puede abarcar ni controlar (Inmenso este cauce de soledades […]), pero más aún disfruto con el diseño del pequeño poema de la página 54 que comienza con el siguiente verso:

“Me acerco al eco del agua. Sonidos

que silabean mi nombre; rumor […]”

para luego ir desfilando al final de cada verso las palabras trazos, voz del misterio, “Eco” y “Paraíso” que van desgranando sensaciones. El libro en sí es una bonita colección de sinestesias y sentidos. A lo largo del curso del río, vamos oliendo, palpando, oyendo, visualizando y hasta saboreando palabras. Difícil quedarse con una:

“[…] Tengo el perfume de las piedras

El rostro del agua, que perdona

La ceguera de los días” (pág 49)

“[…] Estoy

Donde el color no es agua

Ni tierra, sino tiempo

En los labios del alma […](pág 48)

“[…] La brisa discurre ante mí con la levedad de un murmullo.

Y la descubro hecha canción bajo la carne del agua […]” (pág 32)

“Por mis brazos fluye, sin límites, solo agua”, dice Faustino al comienzo del poema de la página 19. Soy humano, soy agua, soy frágil, voluble, con cauce pasado y cauce al que seguir. “Todo cambia en esta inercia de la mañana primera […]”, dice en la página 41, todo fluye solo piensa un tanto estoico, o en el poema final “Sigo mudo en esta fragilidad / del misterio que me circunda […]”, porque un río no se detiene, pese a ese misterio de agua que le rodea y al que está deseando dar nombre. Hasta en el título aparece su preocupación por la palabra exacta.

Magnífico libro de poemas que hace navegar al lector, que va más allá de un mero compendio poético de últimos tiempos, sino que es reflejo de una preocupación humana, sencilla, pero difícil de planteársela si uno no se baja del cauce a la orilla para mirarla desde afuera. Un libro que es reflejo de una trayectoria vital y poética que tiene su antecedente en Un concierto de sonidos diminutos (Ed. Herákleion, 2013), en el que la protagonista es también la vida desde un enfoque  más cotidiano.

El nombre secreto del agua nos refleja más humanos y nos deja en el camino de una trayectoria literaria de su autor que, a buen seguro, seguirá trazando caminos en la historia de la fragilidad humana.

TEXTO: FRANCISCO JAVIER CARMONA CAMARERO

 

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Comentarios en: "FAUSTINO LOBATO: “EL NOMBRE SECRETO DEL AGUA”, UNA HISTORIA DE LA FRAGILIDAD HUMANA" (1)

  1. Tino Lobato dijo:

    Creo que te he contestado en otro espacio a este magnífico comentario. De entrada, gracias. Creo que tu comentario no es solo pormenorizado sino que te adentras en lo profundo del poemario sacando a la luz lo mejor, lo más esencial. Gracias porque has dado con los puntos claves.
    Un abrazote.

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